El metano se forma en ausencia de oxígeno por procesos biológicos y físicos naturales, por ejemplo en el lecho marino. Es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. Gracias a la actividad de microorganismos este gas es desactivado antes de que llegue a la atmósfera y despliegue sus peligrosos efectos en el clima terrestres. Ahora, investigadores de Bremen han probado que dichos microorganismos estos microorganismos son muy exigentes con su dieta.